Una valoración, dos destinatarios
Lo primero es que haya una única cifra sobre la mesa, elaborada con comparables reales y entregada a los dos a la vez, en el mismo documento. En cuanto cada parte trae su propia estimación, la conversación deja de ser sobre la casa y pasa a ser sobre quién tiene razón. Una valoración independiente y compartida corta eso de raíz.