Subir al casco antiguo es entrar en otro municipio. Las calles son peatonales y empedradas, las casas se tocan, los patios son pequeños y casi ninguna vivienda tiene garaje propio. Nada de eso es un defecto para quien compra aquí: es exactamente lo que ha venido a buscar.
La oferta es limitada y no crece: no se puede construir más dentro del recinto histórico, y las rehabilitaciones están sujetas a condiciones de fachada, volumen y materiales. Eso mantiene el valor estable incluso cuando el resto del mercado se enfría.
El problema habitual de estas ventas no es la demanda, es la expectativa. Muchos propietarios comparan el precio por metro del casco antiguo con el de un apartamento nuevo en el llano, y son productos que ni compiten ni se valoran igual.