Aquí se construyó cuando Altea empezó a atraer al comprador europeo, y se hizo bien: parcelas amplias, buena orientación y calles que respetan la topografía. Muchas villas conservan el diseño de su época, con espacios compartimentados, ventanas pequeñas para lo que se pide hoy y baños originales.
Eso genera una oportunidad y un riesgo. La oportunidad es que la ubicación aguanta cualquier ciclo: la vista desde la ladera de El Planet no se puede replicar. El riesgo es que el comprador actual compara con obra nueva de líneas abiertas y descuenta mentalmente el coste de la reforma, casi siempre por encima de lo que costaría de verdad.
Por eso en esta zona la diferencia entre una venta buena y una venta larga está en anticiparse a ese descuento: enseñar el potencial con datos, no dejar que el comprador lo estime a su favor.