La zona se descuelga por la ladera hasta el mar, con villas encajadas en el acantilado, calas pequeñas y el puerto deportivo de Marina Greenwich como referencia. La sensación es de enclave aparte, más cerca de Calpe en distancia pero claramente Altea en identidad.
La oferta es minúscula. En un año normal se venden muy pocas unidades, así que no existen "comparables recientes" en el sentido habitual: cada operación se valora casi por sus propios méritos, cruzando datos de Altea, Calpe y Benissa Costa.
Eso convierte la valoración en la parte más delicada del proceso. Un error de posicionamiento aquí no se corrige con visitas, porque simplemente no hay volumen de demanda que absorba la corrección: hay que acertar de salida.