Altea la Vella conserva vida de pueblo pequeño: colegio, plaza, panadería y fiestas propias. El paisaje cambia por completo respecto a la costa, con la Sierra de Bernia cerrando el fondo y bancales de cítricos entre las casas.
La tipología dominante no es el apartamento sino la parcela. Muchas viviendas están en suelo no urbanizable o en urbanizaciones de baja densidad, y ahí la situación urbanística concreta de cada finca marca la diferencia entre una venta fluida y una que se atasca tres meses en el despacho del notario.
La demanda es distinta a la de la costa: más familias con residencia permanente, más gente con animales, caballos o huerto, y bastante comprador nacional que viene del área de Alicante y de Valencia buscando metros que en la costa no puede pagar.