Venta cerrada · 19 de abril de 2026
Cuatro hermanos, una casa cerrada dos años y una azotea que lo cambió todo
Cuatro herederos con residencias en tres provincias distintas, una ampliación de los años setenta sin declarar y una vivienda cerrada desde el fallecimiento.
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El punto de partida
La casa llevaba dos años cerrada desde el fallecimiento de la madre. Cuatro hermanos: uno en Altea, dos en Valencia y una en Bilbao. Ninguno había querido tomar la iniciativa y todos daban por hecho que otro se estaba ocupando.
Cuando me llamaron, el problema que me plantearon fue “no nos ponemos de acuerdo en el precio”. El problema real era otro: cada uno tenía en la cabeza una cifra distinta, basada en lo que valía la casa cuando la compraron sus padres, en lo que pedía un vecino, o en lo que le había dicho un conocido.
Y había un asunto pendiente que nadie había mirado: una ampliación de la planta superior hecha a mediados de los setenta que no constaba en el Registro.
Qué hicimos
Primero, una sola valoración para los cuatro. Visité la casa, la valoré con los seis cierres comparables del casco antiguo de los últimos dieciocho meses y entregué el informe a los cuatro hermanos a la vez, en el mismo correo, con los comparables a la vista. La discusión de dos años se resolvió en una llamada de cuarenta minutos.
Segundo, la ampliación. Con el arquitecto técnico que trabaja conmigo comprobamos que la obra tenía antigüedad suficiente y estaba consolidada urbanísticamente. Se tramitó una declaración de obra nueva por antigüedad antes de publicar. Coste: 1.400 €. Tiempo: cinco semanas, en paralelo a todo lo demás.
Si esa ampliación aparece cuando ya hay una oferta aceptada, la operación se retrasa dos meses o se cae. Es la causa número uno de ventas caídas en casas antiguas de Altea.
Tercero, la casa. Dos años cerrada significa humedad, olor y todo el mobiliario de una vida. Coordinamos el vaciado —respetando lo que los hermanos querían conservar—, una limpieza a fondo, la revisión eléctrica y una mano de pintura blanca en las tres plantas.
Cuarto, la azotea. Aquí estaba la casa. Nadie la había usado en años y estaba llena de trastos, con un tendedero oxidado en medio. Se despejó, se limpió el pavimento y se puso una mesa con cuatro sillas. Desde arriba se ve la cúpula azul de la iglesia y el mar de fondo.
Esa azotea pasó a ser la primera fotografía de la ficha.
Cómo fue
Se publicó a finales de febrero, justo antes del pico de primavera. Once visitas en tres semanas y dos ofertas con cinco días de diferencia.
En el casco antiguo la visita importa mucho más que en otras zonas: son casas pequeñas, en cuesta, con escaleras estrechas. El recorrido estaba pensado —se entra, se sube directo a la azotea, y se baja mirando las plantas con la casa ya “vendida” emocionalmente—.
Firmada 61 días después de publicar, un 0,8 % por encima del precio de salida.
Qué se aprende de este caso
Que en una herencia el trabajo comercial es la mitad, como mucho. La otra mitad es método: una sola valoración, la misma información para todos al mismo tiempo, y los papeles resueltos antes de que alguien los pida.
Nos sentó a los cuatro con la misma valoración delante. Hasta ese día cada uno tenía en la cabeza un precio distinto y llevábamos dos años sin avanzar.


